viernes, 6 de abril de 2012

Padre tiempo

Hace unos pocos días leí acerca de una comunidad que poseía una concepción del tiempo muy particular, y que llamó agradablemente mi atención. Para aquella, el tiempo es un ente "vivo", indivisible, y que forma una unidad indisoluble con el espacio. El futuro no existe y el pasado se encuentra "siendo" con el presente. Aquello que sucedió sigue sucediendo, extendiendo sus repercusiones en la actualidad y cuyo eco seguirá prolongándose en lo sucesivo. Es decir que el pasado sigue existiendo, fusionado con el presente y actualizándose con él. Para ellos es absurda una división en pasado, presente y futuro; así, la historia no es una disciplina que se estudia para comprender mejor el presente y aprender de nuestros errores como solemos decir nosotros. Como si de verdad aprendiéramos de esos errores, por el contrario, el pasado es un recordatorio de que sí se puede tropezar dos veces con la misma piedra y que son muy pocos los que enmiendan el camino. La gran mayoría reincidimos en ellos y lo único que cambia son los nombres propios y las circunstancias. La historia para ellos está formada por los aspectos del tiempo que son responsables del presente y que siguen existiendo aún, así como los genes de nuestros abuelos viven en nosotros.
Padre tiempo, eres tan real e implacable que no detienes tus pasos sino que caminas sin prisa llevándote nuestros años.

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