Dicen que nuestra vida es como el I-Ching, o que el I-Ching es como la vida, es decir que contiene todas las posibilidades.
Posibilidades que se pueden hallar en las palabras de un poeta, en el verso de un trovador, en el título de una primera plana, en el trazo de un pintor, o en el mismo silencio. Como dice Silvio, esa "palabra precisa, sonrisa perfecta" que encajó exactamente en nuestra vivencia, en nuestra pena o alegría, o en lo que necesitábamos decir a esa chica que vamos perdiendo, a ese amigo que nunca llamamos.
La vida es entonces como un libro abierto en que las personas son el alfabeto dinámico en el que se conjugan unas con otras en pretérito, presente, futuro imperfecto y sobre todo incierto, ese que nunca existe y que muchos quisieran conocer.
Yo he sido hoy sustantivo, sin artículo, sin verbo que defina su acción, perdiéndose en la frase, sin encontrar nunca su predicado.
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